Guggenmusik

14 may 2013 En Shock cultural, soy fans











Del momento que comencé a escuchar ruido tuve la sensación de que una fuerza sobrenatural me arrastraba a la fuente del sonido no en balde tantos años de vivir en la tan ruidosa ciudad de México !Oh sí! Ruido, música, decibeles, tamborazos y anexas que es prácticamente imposible resistirse a una orquesta ambulante. Fue amor a primera vista. Trataré de hace una descripción aproximativo sobre qué es la guggenmusik proveniente de la parte alemana de Suiza y zonas aledañas. Es una fanfarria o conjunto musical compuesto básicamente por percusionistas que hacen su aparición cuando hay carnavales y que se disfrazan de forma llamativa y/o colorida tocando principalmente covers mientras que al mismo tiempo se echan uno que otro brinquito mientras avientan confeti. QUIOBO. Cabe mencionar que entre más calor mas cerveza por lo que al final del día es que la banda está borracha, está borracha…

Debo confesar mi debilidad por los tamborazos. Probablemente mi tatatatatatarabuela era bien alegre y le gustaban las maracas por lo que tengo cierto delirio por las orquestas en vivo no importa si es una Big Band, una orquesta balkanica, una filarmónica o una tambora de pueblo sin embargo ver a la banda con la cara pintada sudando la gota gorda al rayo del sol tocar su instrumento mientras se echan sus machincuepas hace que mi corazón jacarandoso salte de alegría especialmente si lo que tocan son covers de los 90′s. Escuchar los primeros acordes y comenzar a tararear la canción. Querida guggenmusik te has ganado una fan.

Vuelve primavera

9 may 2013 En Enchiladas suizas, soy fans












Cuentan los que saben que este fue uno de esos inviernos que ya quieres que se acaben no por lo gris, frío y prácticamente en la penumbra sino porque ha sido demasiado largo. Para cuando llega la primavera lo primero que quieres hacer es despojarte de los 500 kilos de ropa y que el güerito te dé de filo. Sí, la verdad es que cuando se pasa demasiado tiempo sin luz no hay quién se resista al rayito de sol. Sentarse en una banca para fijar la vitamina y dejar que los rayos del sol se te metan hasta por los poros y sin protección sin embargo lo más impresionante de esta estación del año es que la naturaleza se pone de presumida.

Subiendo la temperatura con una buena dosis de sol las flores comienzan a salir primero tímidamente para luego explotar cual torito de feria. Primero unas luego otras, y otras y otras y de pronto !ZAZ! los árboles están en su máximo esplendor. Los árboles de magnolias se ponen de exhibicionistas sacando unas hermosisisisimas flores gordas y rosas. Es tan adictiva esta sobredosis floral. Los bichos salen, los pajaritos trinan y la fauna anda reproduciéndose convirtiendose en un auténtico cliché por lo que una piensa que en cualquier momento te toparás con Blanca Nieves. Imposible no sentirse en un cuento de hadas. Hay que estar alerta porque así como llega se va. Debo confesar mas allá de presenciar a la naturaleza florecer lo que es impactante es que la flores se extinguen solitas sin que nadie les haga daño y para que todos gocemos de ese hermoso espectáculo de la naturaleza.











Se preguntarán qué hacen los domingos los suizos cuando no hay nada abierto. Aprovechar la naturaleza, punto. Estando rodeados de lagos y montañas sería casi un crimen no salir a tomar el fresco en uno de esos días de invierno en el que el sol se digna a hacer acto de presencia. Cuando hace mucho frío durante un tiempo considerable los lagos pasan de su estado líquido a bien sólido con una buena capa de hielo que permite caminar como Jesús sobre el agua, congelada pero al fin y al cabo agua. Así que la experiencia es religiosa como diría Enrique Iglesias porque no deja de asombrar cómo es posible que los ingenieros de la naturaleza se las arreglen para que se pueda patinar, caminar y hasta picniquear en un lago y que soporte el peso de los curiosos sin pandearse.

La sensación es tan placentera como nueva y completamente extraña. Tan solo el hecho de pensar que debajo de donde se camina, pasando la capa de hielo, hay una buena dosis de agua helada por lo que cualquier señal de encharcamiento prende las alarmas. No vaya a ser el diablo. Si no fuera porque hay lanchas cubiertas de nieve en la orilla podría pensarse que es el espacio que han dejado sin urbanizar para la recreación. El sol brilla tan intensamente que a lo lejos parece el desierto matizado por unas cuantás sombras de figuras humanas que parecen hormiguitas. Al patear la ligera capa de nieve da la impresión de que sino fuera porque hasta las olas de lago están petrificadas es la la arena del desierto. El pegaso del apacible lago, que en verano está lejos del alcance de los turista, se deja fotografiar de cerca mientras a su lado hay una pequeña perforación para que los curiosos vean qué tan gruesa es la capa de hielo sobre la que caminan.

Tanta sensación de espacio debe ser la perdición de los agorafóbicos. Sí, hay vida debajo de donde me encuentro parada pero también arriba aunque sea temporal. La gente ha instalado sus sillas y algunos hasta mesa para un pequeño aperitivo de un domingo soleado sobre un lago congelado. Trineos, perros que están vueltos locos, carriolas, veleros y esquiadores pero sobre todo gente caminando. Estar de pie sobre el lago se ha convertido en la tierra prometida donde no hay reglamentos, ni señales prohibitivas sino todo lo contrario. De vez en vez se ven los trazos de algún enamorado y de un ocioso con fijación fálica. Ver a alguien brincar para ver qué tan solido está el hielo pone los pelos de punta. Oh sí, una extraña sensación de libertad se apodera de los paseantes sin embargo todos sabemos que dentro de poco el sol se ocultará. Tan solo pensar que en un abrir y cerrar de ojos, sin la luz del sol, se perderán al menos diez grados hace que los paseantes se metan al abrigo hasta unos cuantos queden en ese vasto y efímero espacio de felicidad llamado lago congelado.


Amo el chocolate punto. No encuentro razón por la cual alguien pueda detestar el
placer de fundir un pedacito de chocolate en la boca. Sí, he de
confesar que el chocolate y yo somos amantes desde hace mucho
tiempo. Así que mi encuentro con el chocolate en Suiza no ha sido
otra cosa más que amor del bueno porque no solo descubrí que
prefiero el chocolate negro (arriba de 70%) de cacao y de las
pequeñas dulcerías de barrio sino que ir al súper y pasar por el
pasillo de chocolates es como llegar a la fábrica de Willy Wonka.
El paraíso del chocolate en todo su esplendor. Chocolate con
naranja, chocolate con almendras, chocolate con jengibre, con
pasitas, con nueces, con miel, con nougat, con café y hasta con
chile entre muchas otras opciones. Además es muy común que en
ciertos lugares la taza de café viene acompañada de crema, azúcar y
un trocito de chocolate. Es casi imposible dejarlo huerfanito. No
habría problema sino que no sé cuando parar. Primero un cuadrito
luego otro mejor una barra mejor lo emparejamos hasta que en un
abrir y cerrar de ojos las tableta de chocolate se esfumó. Por lo
que como diría mi mamá ya se volvió tarea y no placer. Desde que
empezó el invierno me recetaba diariamente un cuadrito por si las
moscas, ya saben, para mantener el ánimo a flote y conservar las
reservas de energía sin embargo el invierno ya me pasó la factura y
si quiero lucir palmito este verano debo regresar a la cordura. Por
lo que he decido pasar 21 días sin chocolate para que cuando lo
vuelva a probar sienta un orgasmo culinario. El vídeo de arriba es
de una campaña publicitaria de los chocolates Frey (nada que ver
con las mueblerías) que por supuesto usa el recurso internacional
por lo que además de Mongolia y Finlandia no podían dejar a un lado
México. Solo tengo dos preguntas. Hay vacas en Guadalajara y que no
Charles Bronson estaba muerto?

Salón del auto 2013

17 mar 2013 En Enchiladas suizas, soy fans


















Cuando vi la cara del hombre del sueter amarrado a cuello que se acaba de subir al Porsche supe que era lo más cercano a tener un orgasmo en seco. La delicadeza con la que deslizaba la mano por el tablero, se recargaba en el respaldo, extendía los brazos en el volante daba la impresión de estar en pleno cortejo amoroso. Y cómo no. No todos los días tienes la oportunidad de subirte a un Porsche a manosearlo sin que el dueño te vea con cara de depravado. Es imposible no caer rendida al bling-bling proveniente de las carrocerías metálicas o de lo flashes que no dejaban de paparazzear la pieza de ingenería italiana o alemana o de donde sea que vinieran esos magníficos prototipos del futuro.

Sí, el presente y futuro automotriz resplandecía frente a nuestros ojos. Autos con puertas que se levantan como alas de murcielago, que se abren a la inversa o que se despliegan hasta pensar que desaparecerán en una vuelta de 180 grados. Cómo no notar la ilusion de un par de quinceañeras con braquets subidas en un Beetle descapotable o la sonrisa del papá con su hija al volante como si eso fuera posible o la pareja que tienen la plática importante antes de decirle al vendedor del Rolls-Royce deme dos para llevar, con todo. No importa que solo fuera el cascarón o el motor había que tomarse la foto.

Subirse a un auto del lujo debe ser algo parecido a probarse un vestido haute couture con todo y Lagerfeld al lado diciendo ‘Te ves divina manis’. El poder de atracción que ejerce la máquina sobre el hombre no tiene comparación. En el momento en el que te subes al auto le entregas las llaves de tu corazón para abrirle las puertas al mundo sensorial, la textura de la tela, la piel contra la piel, el diseño, el acabado, los botones y el olor, oh sí, el olor a nuevo. Claro que no cualquiera accede a la plataforma blanca del paraíso Lamborghini para poder admirar de cerca a la nueva bestia llamada veneno. El consentido de toda la exposición a juzgar por el muro de gente aglutinado alrededor solo para poder tomarle fotos mientras gira lentamente sobre una plataforma.

Marcas extrañas marcas conocidas, vehículos anfibios, híbridos, ecológicos, electricos y hermafroditas. De todo hay en la viña del Señor incluso el que me robó el corazón, una camioneta rosa metálico llamada Mystere porque si algo pude observar es que los fabricantes en esta ocasión se pusieron metaleros. La fauna compuesta en su mayoría por hombres, especialmente aquellos de ceja depilada y arete brillante en la oreja, merodeaba a la expectativa de que algun expositor decidiera aventar llaves de coches. No hubo tal cosa a cambio había que conformarse con bolsas recicladas de PET con la imagen del auto o algún poster del render del auto.

Mas allá de que no me sentía tan engentada desde que salí de México hubo algo que capturó mi atención: los limpia coches. Esos seres, de no malos bigotes, con plumero y líquido limpiavidrio en mano que le daban su repasada a los autos de lujo. Vestidos de negros o con una camisa Polo con el logo de la marca se deslizan con gracia alrededor del auto dejándolo como si fuera el primer día de exposición lejos de todo rastro de lascivia automotriz. Salí extasiada y con la idea de que algunos modelos pasarán a la historia y otros acabarán en el salón de los olvidados. Habrá que ver.

Atínele a la profesión

19 feb 2013 En Enchiladas suizas

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Pregunta capciosa ¿qué hace esta compañía?

Veo relojes

10 feb 2013 En Enchiladas suizas

Increíble pero cierto haz relojes por todos lados pero más increíble es que todos funcionan.

Expatriada

10 feb 2013 En Enchiladas suizas

Según el DRAE, expatriado(a) es aquel o aquella que viven fuera de su patria, como acá su servilleta. Aquí les va la verdadera historia de una ranchera enamorada o la de una mexicana que fruta vendía en la tierra neutral. Seguramente han escuchado historias de amigos, colegas o personas que han vivido fuera del país que cuentan su propia experiencia con la cual muchos coinciden en que lo primero que se extraña es a la familia, los amigos y los tacos aunque no necesariamente en ese orden. He ahí el primer problema que debe resolver un expatriado, encontrar puntos de referencia para hacer contacto con la tierra de acogida como quién dice dónde hay un buen restaurante mexicano o mínimo dónde se pueden comprar productos Hecho en México.

Ah porque si bien es cierto hasta que la seducción de la comida local surte efecto ahí anda una como burra sin mecate tratando de buscar sus taquitos, su tequilita y sus litros de jugo de naranja en la mañana con su atole y tortita de tamal ya no mencionemos el caldito de frijol negro ni las enchiladas con harta crema y queso. Siendo tan antojadiza puede resultar un severo problema. Lo bueno es que además de importar las malas noticias de México, en los súper mercados se han puesto guapos en la sección de productos del mundo y ya llegan tres salsa La costeña que nunca creía decir esto pero han sido mi salvación. Quién diría que al salir del país haría por primera vez tortillas hechas a mano y me volvería la reina del guacamole.

Resuelto el problema gastronómico viene el enfrentamiento máscara contra cabellera con el méndigo frío. Ese ingrato que produce sensaciones extremas como aquella en la que los dedos de la mano están tan congelados que además de apenas poderlos mover sientes que se te pueden desprenden en cualquier instante; sin embargo el verdadero verdugo de una oriunda de clima cálido-templado-lluvia es la falta de luz solar en invierno. Para ser sincera si hace frío o no, es inferente pero si importa tanto si no sale el sol. Cuenta la leyenda que en invierno engordas porque le entras sabroso al chocolate como medicina anti depresión además que el frío exterior solo provoca ganas de encerrarse en su casa junto a la calefacción dando como resultado que la única actividad física sea el box-spring en el mejor de los casos.

Superados esos baches la siguiente prueba a enfrentar es la puntualidad. Por extraño que parezca la puntualidad es lo que nos separa del primer mundo. Cuando las citas se hacen a cierta hora por sorprendente que parezca la gente es completa y absolutamente puntual. Si un tren sale a las 15:37 y por más ridículo que parezca el tren comienza a moverse exactamente en ese mismo instante. Si la reservación se hace a las 18:30 la mesa está lista a esa misma hora. Lo mismo con las fiestas. Si te citan a las 9:00 de la noche no es para que llegues por ahí de las 11:30 que apenas comienzan a llegar los invitados sino que a las 8:15 ya no falta nadie. Claro que viviendo en un país donde haz relojes casi en cada esquina, y que además funcionan, es extremadamente raro no saber en qué hora vives.

Tener un perro cuesta. No me refiero a la comida y sacarlo muy temprano en la mañana cuando te acabas de acostar sino que el animalito de compañía paga impuestos a la ciudad que a cambio otorga las prestaciones, llámese bebederos, áreas de recreación canina y bolsa para levantar la caca. Cuando adquieres un perro tienes la obligación de tomar un curso teórico-prácticos por lo que deduzco que he ahí viene que los perros sean tan calmados. Un perro debe contar con un chip que permite registrarlo en una base de datos en caso de pérdida, responsabilidad civil o si se te ocurre abandonarlo para saber a quién ponerle una multa. Probablemente lo que más me ha sorprendido es que en la mayoría de los establecimientos llámese centros comerciales, restaurantes y tiendas puedes entrar con tu perrito sin que se te invite a salir del establecimiento inclusive tiene derecho a subirse a los transportes públicos pagando boleto a precio infantil.

Tengo la impresión que después de hablar y caminar los suizos aprenden a esquiar. Solo los que los han visto en las pistas saben que los helvetas pierden los modales y la compostura en las montañas nevadas. Me tocará comprobarlo próximamente. Si bien es cierto que tanto orden y cortesía desconciertan una se acostumbra rápidamente a lo bueno sin embargo hoy después de probar mi primer café americano en meses supe que old habits die hard como diría Bob Dylan. Seguiremos informando.

Invierno

21 ene 2013 En Enchiladas suizas

Así las cosas.

Tratado sobre el frío

21 ene 2013 En Enchiladas suizas

Una vez escuché que el frío es la mejor manera de sentir que estamos vivos. Creo que ahora no podría estar más de acuerdo. Hasta la fecha solo había sentido tanto frío cuando me fui de vacaciones a Zacatecas en el mes de septiembre. Me hospedé en un hostal detrás de la Catedral y recuerdo claramente haber metido papel periódico entre las rendijas de las puertas y ventanas porque sentía que dormía en un iglú además de pedir varios cobertores extra y aún así fundida hasta el fondo de la cama lo que más me impresionaba era tener el cuero cabelludo completamente helado. Llevaba una semana de estancia y ya quería salir corriendo a la playa. El frío me provocaba una especie de impotencia.

En el DF el termómetro puede descender hasta los 3 o 4 grados muy de madrugada pero seamos serios a menos de que seas amigo voceador(a) o amiga de la vida galante es raro tener actividades laborales a esa hora. De todas formas de que baja tantito la temperatura el defeño saca su chamarrón de los vaqueros de Dallas como si estuviera nevando. Ya no decir que con el frío también florecen los terribles chistes jocosones: el ataque de los pingüino o ciérrale porque el oso polar nos va a atacar. El frío en el DF es freudiano. Una vocecita con un fuerte tono maternal aunque seas un treintón o treintona te dice ‘Tápate mijo(a) porque sino te vas a enfermar’, entonces ahí tienen al bebé pegado al cuerpo materno en un metro atiborrado con un calorón insoportable pero con tanta vestimenta que el pobre suda como boxeador en quinto round.

Sí, soy de las personas que van por la vida diciendo que el frío es psicológico porque hasta la fecha mi referencia del frío era ir a la Marquesa muy temprano a echarme unas quecas con café de olla. Todo es risas y diversión hasta que llegas a un país en el que sino te pone guantes sientes que si das un apretón de manos se te caen todos los dedos como palitos de pan. Ni qué decir cuando sientes que tus pies se han enfriado más que una chela en congelador por no traer zapatos adecuados. El verdadero shock llega cuando después de haber estado hundida en un calientito edredón de plumas tienes que salir y enfrentarte a la gélida mañana con todo y sus sensaciones corporales. Llámenme masoquista pero debo aceptar que me gusta el entumecimiento de las mejillas y la sensación correspondiente de que corren miles de hormigas por los cachetes. Yo no sé ustedes pero después de la cara lo que se me enfría enseguida es el trasero. No sé cómo describir el trasero entumecido pero también es cómo una marcha en Reforma tanto te acostumbras que ya ni lo sientes.

Ahora agréguenle el factor nieve. Oh sí, cuando nieva la cosa se pone mucho pero mucho más interesante porque los resbalones están a la orden del día y sin embargo todo luce indiscutiblemente más bonito. Las primeras veces que sales a enfrentar al condenado frío sientes que tendrás una lucha máscara contra cabellera contra el Zeti pero mientras tú luchas un guey fumándose un cigarro con apenas una chamarra ligera pasa frente a ti con aire de sentir todo menos el frío. Lo más impresionante son las mujeres con medias y minifalda que van por la vida, según yo, sintiendo aire polaco (sí, ese chiste también entra en los chistes malos sobre el frío). Así mientras camino por la ciudad me doy cuenta que efectivamente hay quienes viven mejor el frío y que son capaces de jurar que no hace frío. Pasado el tiempo en el que se consulta 10 veces al día el clima de la semana acabas por relajarte y saber que estás en invierno y que seguramente mañana también hará frío y que lo mejor que puedes hacer es decirle Vengache p’acá que nos vamos a dar calor.

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Esta es la parte en la que la protagonista levanta el meñique mientras le da sorbos a su capuchino.

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